Los suaves susurros de las flores. 

La medicina vibracional que nos aportan las flores tiene una fuerza sutil a la que muchas y muchos no estamos acostumbrados. 

En el rápido mundo en el que vivimos nos hemos desconectado de los procesos, de los ciclos y de saborear el camino y no la meta. Cuando empezamos un tratamiento con terapia floral es posible que una de las primeras sensaciones que experimentemos sea la impaciencia. A esto se le ha llamado Furor Curandis, lo cual quiere decir que si no mejoramos enseguida tendemos a cambiar de tratamiento o de experiencia, perdiendo la oportunidad de profundizar en el proceso que hemos elegido y lo que ese proceso tenía para nosotros. 

Las flores nos susurran paciencia, nos piden atención, observación, perseverancia y espera. Esta medicina tiene virtudes muy femeninas que llegan a profundidades emocionales que han regido nuestra vida por años y que a través de la perseverancia y la paciencia pueden ser modificadas, aceptadas e integradas, cambiando así la manera de vivir nuestro propio mundo. 

¿Para qué nos susurran paciencia las flores? 

La terapia floral no pone su foco en aliviar el síntoma, sino todo lo contrario, profundiza para poder aliviar cómo es que la persona vive y experimenta el síntoma, pues es ahí donde está la raíz del padecimiento. Pero para llegar a la raíz necesitamos tiempo y mesura. 

"A todos aquellos que sufren, a todos aquellos que desesperan”. 
Es el paciente quién debe ser tratado y no la enfermedad. 

No se cura realmente atacando la enfermedad, sino colmando el cuerpo con las hermosas vibraciones de nuestra naturaleza superior, en presencia de la cual la enfermedad se funde como la nieve bajo el sol. 

La razón principal del fracaso de la ciencia moderna reside en que trata los síntomas y no las causas. 

La salud depende de que estemos en armonía con nuestra alma. 

La enfermedad no será curada o erradicada jamás por los actuales métodos materialistas, por la simple razón de que su origen mismo no es material. 

Todo lo que tenemos que hacer es salvaguardar nuestra personalidad, vivir nuestra propia vida, ser el capitán de nuestro propio barco, y así todo saldrá bien. 

Para que nosotros mismos seamos libres, debemos dar libertad a los demás. 

Edward Bach

 

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